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Sabiduría, que hermosa

Sabiduría, que hermosa y desconocida palabra. Lamentablemente lo más lejos que hemos podido llegar es a incluirla en nuestras conversaciones; y en el mejor de los casos a definir su significado; pero la experiencia de una vida guiada por la sabiduría que proviene de lo alto, parece cada vez más un privilegio de pocos.

La Sabiduría y la Oración

La Biblia llena sus páginas con diferentes aspectos acerca de la oración; libro a libro nos muestra a hombres de oración (Moisés, David, Josafat, Daniel, por supuesto nuestro Señor Jesús; el apóstol Pablo y Santiago, entre otros);  también nos da claras instrucciones sobre la misma; pero, hay una que es considerada la oración más generosa de la Biblia, la que no tiene límites;  en la que Dios nos asegura una respuesta afirmativa e inmediata; pero inexplicablemente, también es la menos usada.

 

Veamos que dice la palabra de Dios acerca de este tópico; del cual, todos nosotros sin excepción alguna, aunque seamos conscientes o no; estamos desesperadamente necesitados, así “ como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas.”

 

“ Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.  Santiago 1:5

 

¿Porqué esa oferta tan abundante, en respuesta a la petición? ¿Es necesario el adverbio (abundantemente)? ¿Será la ausencia de sabiduría en mi vida, la causa y raíz de tantos males?

 

El Apóstol Santiago en capítulo 5 de su carta, desde el versículo 13 hasta 17, hace un maravilloso y aterrador contraste entre la sabiduría de lo Alto, la que proviene de Dios, y la terrenal; la que también es animal y diabólica. Sin esfuerzo alguno, el camino que abordemos en nuestra experiencia de vida frente a la sabiduría, se reflejará en nuestra conducta, ya bien sean en celos y contención, perturbación y toda obra perversa; o en una conducta pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos , sin incertidumbre ni hipocresía.

 

Debemos examinar nuestra conducta, porque allí está la más elocuente expresión de cual sabiduría nos gobierna; después, hacer de la oración por sabiduría divina, el más fragante hábito que encabece nuestra vida de oración.

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