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AL DIOS NO CONOCIDO

El conocimiento de Dios como tema de estudio  es tan vasto, que considero pertinente citar las palabras del apóstol Pablo en la carta a los romanos: “!!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !!Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Rom. 11:33. 

 

Sin embargo, semejante magnitud no puede ser excusa para desatender el sagrado mandamiento que desde la antigüedad hasta nuestros días, nos demanda el Único y Soberano Dios: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” Jer.9:24

 

Entendiendo la urgente necesidad que tenemos al acercarnos al estudio de cualquier doctrina bíblica, bien sea fundamental o general con un corazón dispuesto y enseñable; con el firme anhelo de poder ser un eterno aprendiz. La invitación es a continuar escudriñando más profundamente por medio del Espíritu Santo, acerca del tema de la presente reflexión.

 

El conocimiento de Dios tiene una estrecha, íntima e inseparable relación con la vida eterna, conforme a las palabras del Señor Jesús en la comúnmente conocida como la oración sumo-sacerdotal o la rendición de cuentas del evangelio según San Juan 17:3 “ Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

Ahora bien, es válido establecer en primer lugar que aunque hay intervención del intelecto en este camino de conocer a Dios, esto no representa en sí el objetivo final (llenarnos de conocimiento intelectual o intelectualismo teológico), sino es más bien, es la observancia de la responsabilidad que tenemos frente a Dios de buscarle como aquel  siervo que brama por las corrientes de las aguas. En segundo lugar, la Soberanía de Dios no se puede disociar  del tema que abordamos, toda vez que la única garantía que tenemos de hallar a Dios, no se basa en nuestra búsqueda incesante de Él, sino en Su resuelta decisión de dejarse hallar.

 

La cuestión es que si el proceso intelectual representa solo una parte del llamado a conocerle, entonces, qué significa conocerle? Y conocerle de tal manera que involucre tan sustancialmente la vida eterna?

Conocerle a Él es entre muchas otras cosas, reconocer la Unicidad Divina, como la Verdad inamovible y fundamental, reconocer la deidad de Jesucristo, quien es la exégesis del Padre “El que me ha visto a mi, ha visto al Padre.” Jn. 14:9; conocerle a Él, es sumergirse en la más profunda intimidad con Aquel que ha sido enviado por cada uno de nosotros en una maravillosa misión salvífica antes de la fundación del mundo; conocerle a Él saberse perdido y sin esperanza alguna; es apelar a Su Gracia Soberana y a Su inagotable misericordia, es agradecer en cada respiración por cada gota de Su sangre derramada en el Gólgota; es vivir para Él, es morir al mundo; es gritar de mi amor por Él, no con palabras sino mas bien con hechos, con experiencia de vida, con testimonio; es decirle al mundo que Dios no nos necesita, que somos nosotros quienes le necesitamos; decirles que Dios no cambia, que en Él no hay mudanza, ni sombra de variación; y que ama como nadie más puede amar; que sólo Él es el único digno de alabanza y de suprema adoración; decirles que Dios es inalcanzable, pero ciertamente no está lejos de nosotros; conocerle a Él es proclamar que Él es el único Rey de reyes y Señor de señores.

JLFG

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