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LA PALABRA

Mateo 24:35

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

 

Quienes hemos tenido la oportunidad de viajar en el País, o incluso, estar fuera del mismo, hemos tenido el privilegio de conocer diferentes culturas, personas, comidas, lugares, etc. Allí hemos podido observar cuán maravilloso es Dios, porque podemos encontrar muchas cosas muy parecidas o extremadamente opuestas.

 

Por ejemplo, si viajamos a la costa caribe, encontraremos una gran variedad de comida, platos exquisitos, personas muy alegres. Pero si vamos al extremo opuesto del país, por ejemplo a Leticia, la comida es de una rica variedad. Podremos encontrar algunos ingredientes parecidos, pero la forma de preparar o las mezclas, son muy diferentes a las que encontramos en la costa norte de Colombia.

 

Lo mismo podemos decir de las personas. Quienes conocen a los argentinos, podrían señalar que son amantes del fútbol, incluso más que en Colombia. Si hablamos de los estadounidenses, alguien podría expresar que son muy patrióticos, porque en sus casas podemos ver la bandera.

 

Así podríamos comenzar a enumerar un sin fin de parecidos, diferencias o similitudes, etc. También podemos hablar de los cambios que se observan, no solo en el físico de las personas, sino también en el aspecto de las personas, o incluso, cambios en las costumbres o percepciones de las personas. Por ejemplo, en Bogotá hace más de 20 años las personas podían dejar sus vehículos y no les pasaba nada. Otro ejemplo podría ser, es que la homosexualidad claramente era un pecado, hoy no.

 

Todo lo que hemos mencionado brevemente ha cambiado, ha pasado, se ha transformado, si se quiere, ha mutado, ha desaparecido, etc., ha dejado de ser legal o ilegal, es socialmente aceptable o inaceptable, es una costumbre o ya no lo es, etc., y así podríamos enumerar una gran cantidad de cosas, temas o situaciones.

 

Pero, y esto es lo más grandioso para nosotros los cristianos, La Palabra de Dios es la misma, es aplicable, no ha perdido vigencia, no es vetusta, está actualizada, no es arcaica como muchos creen, en resumidas, La Palabra sigue vigente.

 

Si revisamos Hebreos 13:8, la Palabra de Dios dice “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Esto quiere decir que nuestro Dios y Su Palabra son inmutables, permanentes vigentes y su aplicabilidad es eterna.

 

Pueda que el hombre quiera cambiar a Dios o lo quiera adaptar a sus deseos, o piense que Dios ya está pasado de moda, lo cierto, es que Nuestro Gran Dios Eterno, no se amolda o ajusta los deseos del hombre, somos nosotros quienes debemos adaptarnos a Dios y cumplir el propósito por el cual estamos aquí, ser mensajeros de la Palabra y honrar a Dios.

 

Hugo Baquero.

Diácono.

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