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La oración del nuevo cristiano

Es tradicional que en las iglesias cristianas se acepte como a un nuevo hermano, a todo aquel que realiza la oración para recibir al Señor por primera vez, la mayoría de las veces esta oración es dirigida por el predicador de turno, también se acostumbra entregarle una literatura y en algunos casos se realiza una visita pastoral a los nuevos miembros de la congregación.

Si revisamos la palabra del señor encontramos una exhortación a que “creamos” en nuestro Señor Jesucristo tal como lo establece la primera carta de Juan en el tercer capítulo versículo 23ª “Y este es el mandamiento: que creamos en el nombre de su hijo Jesucristo…” sin embargo aceptar, recibir o invitar al Señor no garantiza una transformación inmediata del nuevo hermano, por tanto se hace necesario un acompañamiento en este nuevo caminar.

¿A quien o quienes les corresponde esta tarea? Se considera esta pregunta como un desafío a todo discípulo que ha experimentado la madurez de su vida cristiana; pero ¿Qué pasa con aquellos hermanos que no son atendidos por diferentes circunstancias?

Consideremos estos interrogantes como oportunidades de revisar en que condición se encuentra nuestro corazón con respecto al servicio silencioso que debemos llevar acabo en nuestra Iglesia local sin buscar el reconocimiento humano.

Exhortémonos unos a otros a cumplir con esta labor de hacer discípulos en nuestra iglesia local, a fortalecer el lazo de común unión entre los nuevos y los que ya hemos tenido la oportunidad de guiar a otros, para que no nos sorprenda la declaración que nos hace el Señor en Mateo 7 versículo 21 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos”

DIACONO DE PONTEVEDRA. 

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