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La Meta de la Madurez

[Cristo] A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. Colosenses 1:28

 

Tendemos a pensar en Pablo como en un misionero pionero, que ganaba conversos, plantaba iglesias, y continuaba viaje. Pero la meta de su ministerio, nos dice él mismo, era avanzar desde la conversión hacia el discipulado, concretamente ‘presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre’, y guiarnos a disfrutar de la relación con el Cristo a quien adoramos y amamos, en quien confiamos y a quien obedecemos. ¿Cómo maduran los cristianos? El texto que consideramos hoy nos da una respuesta clara.

Maduramos mediante la proclamación de Cristo. Si la madurez cristiana consiste en la madurez de nuestra relación con Cristo, entonces significa que cuanto más clara sea nuestra visión de él, estaremos más convencidos de que él merece nuestra consagración. Como dijo el doctor J. I.Packer en su clásico libro El conocimiento del Dios Santo, ‘somos cristianos pigmeos porque tenemos un Dios pigmeo’, y por cierto, un ‘Cristo pigmeo’. La verdad es que hay muchos ‘Jesús’ en oferta en los supermercados religiosos del mundo, caricaturas del Jesús auténtico. Está el Jesús ascético, el Jesús payaso de Godspell, el Jesucristo Superstar, el Jesucristo capitalista y el Jesús socialista, el Jesús fundador de la empresa moderna, y el Jesús de la guerrilla urbana. Todas estas imágenes son defectuosas; ninguna de ellas podría ganar nuestra lealtad incondicional.

Lo que necesitamos es ver a Jesús tal como lo presenta Pablo en los versículos 15–21. Este es uno de los pasajes cristológicos más sublimes del Nuevo Testamento. Describe a Jesús como la imagen visible del Dios invisible, el agente y el heredero de la creación. También es el primogénito de los muertos, para que en todo pueda tener la preeminencia. Es más, toda la plenitud de la deidad habita en Cristo, y Dios ha reconciliado consigo todas las cosas por medio de él. En consecuencia, Jesucristo tiene una doble supremacía: como cabeza del universo y como cabeza de la Iglesia. Él es el Señor de las dos creaciones. Cuando lo reconocemos de esta manera, no podemos menos que postrarnos sobre nuestro rostro delante de su presencia. ¡Fuera esos ‘Jesús’ insignificantes, enclenques, pigmeos! Si pensamos así de Cristo, no es extraño que persista la inmadurez. Si tan solo pudiera ser quitado el velo de nuestros ojos, para que viéramos a Jesús en la plenitud de su naturaleza divina y humana, y en su obra de redención… entonces le daríamos el honor que corresponde a su nombre y creceríamos hacia una relación madura con él.

Stott, J. (2013). Toda la Biblia en un año: Reflexiones diarias Desde Génesis hasta Apocalipsis. (A. Powell, Ed. Y Trad.) (1° ed., p. 203). Buenos Aires: Cer

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