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Una reflexión sobre el matrimonio

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor … Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia. Efesios 5:22, 25

El apóstol Pablo es considerado con frecuencia como un incorregible misógino. Pero los que así piensan no han considerado las implicancias de Efesios 5:21–33. Aquí hay, con siglos de anticipación, una enseñanza sublime que merece ser difundida. Consideremos cinco aspectos de esta instrucción.

En primer lugar, el requerimiento de que la esposa se sujete a su esposo es un ejemplo de la obligación general de los cristianos. Vemos que el mandato ‘casadas estén sujetas’ (v. 22) está inmediatamente después del requerimiento general ‘someteos unos a otros’ (v. 21). Si la desposada debe sujetarse al esposo, también es deber de él, como miembro de la nueva sociedad de Dios, sujetarse a ella. La sujeción no es unilateral. Es una obligación cristiana universal, ejemplificada por el propio Señor Jesucristo. En segundo lugar, la esposa debe sujetarse a un esposo amoroso, no a un ogro. La instrucción del apóstol no es: ‘Esposas, sométanse; esposos, manden’. Lo que dice el apóstol es: ‘las casadas estén sujetas… Maridos, amad’. Hay una enorme diferencia entre un marido amante y un tirano.

En tercer lugar, los esposos deben amar como Cristo (repite tres veces). La sujeción puede parecer difícil, pero amar es aún más difícil. El pináculo de este requerimiento se alcanza en el versículo 25, donde a los esposos se les dice que amen a su esposa ‘como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella’. No podemos concebir una pauta más noble que el amor del calvario. En cuarto lugar, el amor del esposo, como el de Cristo, se sacrifica en servicio. Es decir, el amor y el sacrificio de sí mismo que hizo Cristo por la Iglesia tienen un propósito y un sentido positivo, concretamente liberarla de sus defectos a fin de exhibirla en toda su gloria. De manera similar, la conducción del marido no tiene como objetivo oprimir a su esposa sino más bien liberarla para que alcance toda su femineidad.

En quinto lugar, la sujeción es otro aspecto del amor. Si bien sujetarse y amar son dos verbos diferentes, es difícil distinguir entre ellos. ¿Qué es sujetarse? Es entregarse uno mismo a alguien. ¿Qué es amar? Es entregarse uno mismo a alguien. La entrega generosa y voluntaria tanto del esposo como de la esposa es el fundamento de un matrimonio que crece y perdura.

Stott, J. (2013). Toda la Biblia en un año: Reflexiones diarias Desde Génesis hasta Apocalipsis. (A. Powell, Ed. Y Trad.) (1° ed., p. 202). Buenos Aires: Certeza Argentina

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