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A Pesar de la Tormenta

A PESAR DE LA TORMENTA

Las tormentas son fenómenos naturales que afectan la vida natural de los seres humanos en la tierra, sus lluvias intensas y fuertes vientos pueden hacer naufragar un barco en alta mar, incluso los aviones, por lo general, se desvían de sus trayectorias, para no ser amenazados por los efectos de la tormenta.

En la vida Cristiana también pueden existir tormentas que sobrevienen a nuestras vidas, situaciones inesperadas o adversas, malas noticias en ámbitos personales, familiares, sociales, económicos o en el Ministerio del Señor, que generan fuertes vientos de turbación y zozobra.

En la palabra de Dios y, más precisamente, en el Evangelio de Mateo, capítulo 8 del verso 23 al 27, nos narra: “Entró él en la barca y sus discípulos lo siguieron. Y se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Se acercaron sus discípulos y lo despertaron, diciendo: -¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: -¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres, maravillados, decían: -¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?” (RVR1995).

Querido hermano o hermana, en la barca de nuestras vidas está el Señor Jesús; permítele al Señor que, en medio de la tormenta, nos enseñe nuestros temores, nuestras incredulidades o incluso nuestros pecados; y que, a través de nuestra aflicción, su Espíritu Santo trabaje en nuestras vidas, para que luego podamos ver cómo el Señor se levante y ordene a los vientos enfurecidos, que Él ha permitido, que se vayan para que venga su gran calma. Y que luego, en quietud, podamos contemplar lo que el divino alfarero ha hecho en nuestras vidas.

 

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