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Alabar a pesar de las Circunstancias

Santiago 1:3-5

 

«… sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada».

 

Muchos decimos: «si mis circunstancias fueran diferentes, yo sería diferente». ¿Pensaste esto alguna vez? Mis circunstancias no determinan lo que soy, sino que revelan quién soy en realidad.

 

El adversario nos convence de que el único camino para ser diferente o feliz es que nuestras circunstancias cambien: «si tan sólo tuviera dinero», «si tan sólo tuviera una casa más grande», «si tan sólo estuviera casado/a», «si tan sólo mi esposo no trabajara tanto, o se comunicara más", etc.

 

Somos engañados al creer que seremos más felices si las circunstancias que nos rodean fueran diferentes. Si no estamos satisfechos con las circunstancias actuales, lo más seguro es que tampoco lo estemos con las otras.

 

El apóstol Pablo aprendió a contentarse cualquiera fuera su situación; porque su gozo y satisfacción no dependían de las circunstancias, sino del amor constante y la fidelidad de Dios (filipenses 4:11-13). Pablo había aprendido el secreto: «para todo tengo fuerza en el que me da el poder». Pablo aprendió que tal vez no sea posible controlar nuestras circunstancias, pero sí es posible impedir que ellas nos controlen (1 Corintios 6:12). Por eso, Santiago 1:3-5 dice que estas circunstancias nos llevan a tener paciencia, no nos destruyen, sino que nos purgan y refinan. Lo cual, es esencial para la madurez cristiana, ya que incluso la fe de Abraham tuvo que ser probada (Génesis 22:1-8). Paciencia no es soportar la aflicción, es mantenerse firme ante la presión con un poder constante que convierte las adversidades en oportunidades. Para ser perfectos y cabales, que significa «plenos», y para hacerle frente a estas circunstancias debo hacerlo con la sabiduría de Dios, que es una nueva forma de ver las dificultades.

 

Cada circunstancia de mi vida, ha pasado primero por las manos de Dios. El grado de adoración más profundo es alabar a Dios a pesar de dolor y agradecer a Dios durante la prueba o la circunstancia que sea. Amarlo, así parezca distante, para que de esta manera madure nuestra amistad con Él. Esta relación será probada por Dios a través de periodos de aparente separación, momentos de abandono u olvido; pero, es allí donde debo declarar que aunque no lo vea, Dios siempre me ve a mí, y en eso descansa mi fe.

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